Tenían a VanCleef justo ahi debajo, hablando con Gilnid y Mamporros sobre alguna estrategia que parecía no importarles a Aleera y los demás. Xeladriel había muerto a la entrada de la mina sacrificandose por los demás para que la misión resultase un éxito.
- Bueno-Comentó Inusuke, intentando mantener la calma.- Tenemos que intentar que no nos encuentren, coger el pergamino y marcharnos.
- ¿Así sin más? -Interrumpió Raydra, intentando mantener la compostura y un tono bajo.- Inusuke, te recuerdo que ahi arriba Xeladriel se ha matado para asegurarse de que lo logramos, y yo pienso llevarme a alguno por delante, aunque caiga en el intento.
- ¡Parad los dos!-Interrumpió Yuki.- No creo que no tengamos otra opción sino matar a VanCleef, pero intentad no llamar la aten..
Aleera acababa de irse dejando caer hasta el agua.
- ¡Maldición!- Maldijo Vann en voz baja mientras se tiraba procurando no hacer mucho ruido al caer al agua, y detrás de el vinieron los demás.
Estaban ahora mismo pegados al barco, de forma que no se les podía ver, pero podían oirlo todo. El Juggernaut pertenecía a la antigua Horda Orca de la Primera Guerra, y pretendían utilizarlo para destruir Ventormenta en venganza del pasado. Tambien oían historias de piratas que habían matado a otros tripulantes para poder entrar, y hablando de armas y tesoros que si bien parecerían ser mitos y leyendas, más de una podía ser cierta.
- ¡Capitan! ¡Capitan! - Se oyó a un pícaro que parecía ser de los nuevos, a juzgar por su aspecto y forma física.- Acabo de llegar del exterior. ¡Estan todos muertos! ¡Nos atacan!
- ¿Cuantas bajas hay? - Inquirió VanCleef.
- 13 de los nuestros no había ningun cadaver más, señor, yo...
Edwin VanCleef acababa de seccionarle la cabeza de un corte limpió con la daga que llevaba. Nadie había acertado a verle sacarla, pero era lo de menos. Ahora sabían que estaban allí, y no sería tán fácil completarlo todo.
- ¡Escuchadme idiotas! - Vociferó el Contramaestre Mamporros. - ¡Por lo visto como decía nuestro informador, la escoria de Ventormenta nos ataca! ¡¡Acabad con ellos o sereís cena de los Múrlocs!!
Un gran número de Pícaros, piratas, magos, y guerreros atravesaron la puerta que llevaba desde donde estaba varado el Juggernaut hacia la mina. A Szadek le pareció ver una sombra que iba en dirección contraria a los demás, posiblemente de la velocidad a la que irían corriendo los Defias.
- Bien. -Comentó Yuki, con un todo de voz algo lúgrube- Esto aumenta nuestras posibilidades dee sobrevivir.
- ¿Tu crees? -Comentó Aleera- Aun habiendo salido tantos de aqui, ¿cuantos pueden quedar?
- Deja de ser tan negativa, por favor -Apuntilló Inusuke, mientras salía del agua. El Escudo Divino invocado cumplió la función de mantener su armadura a salvo del agua, evitando luego problemas debidos a la filtración de agua. Ayudó a Vann a subir a los otros 3 al embarcadero y añadió. -Este lugar... algo sombrió lo sobrevuela.
Se adentraron en el barco con sumo cuidado. Inusuke iba por delante, martillo en mano, preparado para asestar un golpe mientras Szadek cerraba la comitiva.
- Algo no va bien. -Apuntó Vann. -Si supuestamente sigue habiendo Defias aqui, ¿dónde estan?
- ¡JUSTO AQUI! - Vociferó una grave voz, que no parecía de ninguno de ellos.
Mamporros estaba oculto y asestó un contundente golpe a Inusuke, que por suerte pudo usar el Escudo Divino a tiempo.
- ¡Por Elune! - Dijo Aleera -Ese Tauren es más grande que los demás.
- Mira -Contestó Szadek - Ese colgante es la respuesta.
-Será dificil quitarselo - Dijo Yuki, apesumbrada. Le costaba luchar siendo sacerdotisa y más aun mantener a raya a los Defias que ayudaban a Mamporros, que si bien no eran muchos, se veía que eran los más fuertes. - Si estuviese Xel aqui...
- ¡Dejad de lamentaros! - Grito Inusuke y entonces tentó a Mamporros. - Para ser una vaca, no peleas mal. ¡Dime que habeis hecho con el cuerpo del enano!
Mamporros rió y cargó contra el paladin. "No tengo ni idea de quien me hablas", dijo el Tauren mientras se acercaba al Paladin.
El Paladin, consciente de lo que hacía, golpeó fuertemente en el cráneo del Tauren, de tal manera que se pudo oir hasta como se rompían los huesos. Los Defias que le apoyaba huyeron hacia la salida que conducía a Arrollo de la Luna.
- Demasiado fácil, ¿no? - Dijo Inusuke, mientras Vann miraba fijamente al Tauren, como si sus ojos fueran a huir de la cara, debido a lo gráfico del impacto.
- ¡Cuidado, Inu! - Grito Szadek, mientras Maporros se levantaba. Sus ojos emitían una luz azul, y si bien brotaba sangre de la herída, esta era del mismo color de la segregación que emanaba de la boca llena de colmillos del Tauren.
El Tauren se levantó, y tras emitir un fuerte y temible rugido que Aleera pudo sentir en los más profundo de su corazón, comenzó a andar hacia ellos, con la mirada puesta en Inusuke.
Inusuke se giró raudo y preparó para otro ataque, pero antes de poder hacer nada, Raydra, salió corriendo hacia Mamporros, y le quito el colgante, distrayendolo lo necesario para que Inusuke sacase una espada y le seccionase la cabeza limpiamente al No-Muerto, el cual se retorció levemente en el suelo antes de cesar de moverse
- Uno menos. Y Raydra, eso no era necesario- Dijo Inusuke, sonriendo. -Le tenía bajo control.
Raydra asintió sonriendo mientras limpia el icor de la espada en un trozo de lana que había allí. Szadek sin embargo miraba el cadaver del Tauren con cierto temor.
- Esto no es bueno... No muertos en Páramos de Poniente... Lady Jaina debe saber esto... - Dijo Szadek con tono de preocupación.
- Sea lo que sea - Dijo una voz. - Pagaréis por la muerte de Mamporros.
- ¡VANCLEEF! - Gritó Aleera, sin lograr reprimir cierta ira.
- Veo que hasta en la lejana Kalimdor soy vastante reconocido. Tendré que procurar irme allá tras acabar con Ventormente.
- ¡JAMÁS! - Bramó Aleera, sin poder mantener más una ira que había desatado en la entrada a la Ladronera.
Entonces atacaron todos a VanCleef, el cual pese a atacar solo con un par de dagas, podía manejar tranquilamente a todos los que estaban allí. De un barrido logró derribarlos a todos, pero Aleera se mantuvo en pie.
- Veo que la elfita se mantiene en pie... - Inquirió VanCleef con cierto tono burlon. - Serías una gran sustituta de Mamporros... ademas, la piratería es tan trista y solitaria...
Aleera hizo caso omiso a lo que decía y cargó contra el. VanCleef, pese a ser un simple albañil, tenía un manejo de las dagas y una agilidad inusual para alguien de tal constitución.
- Caereis aqui, y con vuestros cuerpos haremos comida para los Múrlocs, con vuestros pellejos haremos velas nuevas y con vuestras armaduras y objetos haremos armas y cañones para así de una vez, conquistar todas las capitales de todo Azeroth. ¡SERÉ INCLUSO MÁS PODEROSO QUE EL MISMISIMO REY EXÁNIME!
- ¡Noooooo! -Gritó Aleera, mientras le cortaba a VanCleef un brazo al altura del codo. VanCleef no paraba de sangrar, pero segía blandiendo la daga en el otro brazo.
- Esto... no es problema para mi. Pronto tendré un poder que hará que esto sea un leve corte.
- Creo que no. -Dijo una sombra que le acababa de coger.- ¿Me echasteis de menos?
A Aleera y Yuki se le saltaron las lágrimas. Los demás no se lo podían creer lo que veían.
- ¡TRAIDOR! - Bramó VanCleef, con los ojos rojos llenos de rabia, mientras Xel lo mantenía sujeto.
- Traidor, a ti si - Aclaró la sombra. - A mi tierra, y a mis amigos, les soy leal hasta la muerte. Y le cortó a VanCleef la cabeza, la cual cayó al suelo haciendo un ruido sordo. Aleera echó a correr entre lágrimas a la sombra.
- Pensé que ibas a morir... no nos des estos sustos más, Xeladriel, por favor.
A traves de su barba marrón hirsuta, se podía ver una sonrisa mientras a Inusuke le devolvía una mirada de complicidad. Que el le devolvió asintiendo con la cabeza.
- Lo planeé todo con Inusuke, al contrario que vosotros, puedo moverme con más facilidad por las sombras y camuflarme. Además, VanCleef me conocía, y si me veia, atacaría con más facilidad.
- ¿Cómo es que te conoce? - Preguntó Yuki, bastante sorprendida.
- VanCleef fue alumno mío cuando era instructor. Entonces era un joven con talento y buenas intenciones. Nada me hacía presagiar... - Miró el enano a su alrededor. - Esto.
Aleera buscó junto a Vann entre las pertenencias de VanCleef. Encontraron el pergamino y una carta sin enviar dirigida al Arquitecto Jefe de Ventormenta. Cogieron ambas cosas y se reunieron con los demás.
- Szadek, lo tenemos todo. - Dijo Aleera. - Vamonos.
- Bien pues. - Respondió el mago asintiendo con una sonrisa y murmuró unas palabras. De repente, fueron rodeados por una luz azul y en cuestion de segundos, aparecieron en la Sala del Trono. Estaban contentos de haber completado la misión, pero las caras del Rey y del resto de los presentes eran de preocupación y miraban fijamente a Aleera. Aleera se acercó hacia Jaina, que rompió a llorar.