lunes, 31 de mayo de 2010

Capítulo 1 - La prueba.

Había llegado el día. Tras 2 largos años de entrenamiento, Aleera por fin tendría que enfrentarse a la prueba que determinaría si era digna o no de unirse a la Guardia Real de Darnassus. Entre el jurado, estaban la capitana Raydra Hojainvierno; la Anacoreta Yuki, enviada del Alto Aldor en Darnassus; Shibasaki, la hermana de Aleera; Malfurión Tempestira, Archidruida de Darnassus; y Lady Prestor, en representación de Ventormenta.

- Aspirantes a la Guardia Real - Dijo la capitana.- Cuando vayan mencionando vuestros nombres, pasareis por el portal. Una vez dentro, el pergamino que hay justo donde aparezcais os contará que cometido debeis cumplir. Ahora, mucha suerte a todos, y espero que volvais de una pieza.

Poco a poco, el número de aspirantes se reducía. Muchos volvían de una pieza y con el cometido cumplidos, otros volvían heridos, mutilados, o directamente no volvían, pero Aleera no pensaba en eso.

-Aleera Furiainvernal - Gritó Raydra. - Es tu turno.

Miró a su hermana asintiendo, a la vez que esta le devolvía la mirada asintiendo, pero una mirada triste. Una vez en el portal, sintió como si algo tirase del interior de su estómago hacia afuera, y la estuviese dando vueltas. Sentía que se iba a desmayar, que iba a rendirse, pero tal y como pasaba ese pensamiento por su cabeza, más motivación le entraba.

Cayó de bruces contra el suelo, y encontró el pergamino. La zona le sonaba de haberla escuchado en historias de su padre, pero caia en la cuenta de donde era. Tras camuflarse en las sombras, comenzó a leer el pergamino:

"Elune te ha designado para que cumplas la tarea más suicida que se le puede encomendar a una Darnassiana. Debes caminar hacia el centro de la meseta y acabar con el traidor llamado Illidan Tempestira".

A la vez que terminaba de leer, un fuerte sentimiento de miedo y temor recorria el cuerpo de Aleera, pero era demasiado tarde para rendirse. Armandose de valor, caminó hacia lo alto de la meseta, saltando entre los árboles para evitar a los malvados Illidari, aunque era algo imposible. Alguno que otro cayó frente a la espada de Aleera, hasta la meta final: El Traidor.

Aleera se acercó para comprobarlo. Allí estaba él, como absorto en sus pensamientos, pero...

-Vienes a por mi? - Dijo Illidan, en la cabeza de Aleera.
-Dejate de juegos traidor. - Respondió Aleera súbitamente. - No vengo a hablar. Vengo a poner fin a tu existencia, traidor.
-¿Traidor? - En un bramido de ira, varios Illidari son descuartizados como si fueran plastilina. - ¡YO fui traicionado por ELLOS! ¡Yo solo estaba rehaciendo lo que destruyeron! Soy un héroe, ¿y vienes tu, patética mortal, a destruirme?
-Un héroe no se alía con demonios - Dijo Aleera mientras caminaba hacia Illidan.
-¡NO ESTÁS PREPARADA! - Bramó Illidan, haciendo que un circulo de fuego envolviese el lugar mientras se alzaba para combatir.

La batalla fue ardua. Durante varios minutos, Illidan  estuvo a punto de cercenar el cuello de la elfa con sus espadas, pero por suerte, Aleera era bastante más ágil que el medio demonio, si bien ella no podía volar. Hubo un momento en el que ella llegó a cortar levemente la venda que cubre los ojos de Illidan, pero fue un corte mínimo. Eso no hizo sino enfurecer a su rival, el cual envuelto en llamas y un halo negro, cargó contra ella. Instantes antes de que Illidan estuviese a punto de embestir mortalmente a Aleera, ya pensando en que su vida acabaría poco antes de comenzar, se volvió todo negro y volvió a sentir ese dolor en el estómago. Entonces se desmayó.

No sabe si serían minutos o horas, pero finalmente abrió los ojos. Shibasaki esta apoyada en su pecho llorando, temiendose lo peor mientras Yuki iba curando sus heridas. Finalmente, atinó a hablar:

-Hermana, lo siento. No logré el propósito de la prueba, creo que padre va a estar deseando mi marcha de...
-¿Que es eso? - Dijo Malfurion, que estaba hablando con Raydra de algo relacionado con la prueba.- Eso no es...

Aleera examinó lo que tenía en la mano. Era uno de los cuernos del traidor. Aleera no se lo podía creer, habia superado la prueba.

- ¡Si! - Grito de alegría, aunque luego se sentó del dolor que sentía en los riñones - Esto demuestra que lo que decía es cierto, puedo lograrlo.
- En realidad - Dijo Raydra, pensativa. - La misión era acabar con Illidan, has traido el cuerno, pero eso no prueba que esté muerto.
- Raydra - Interrumpió Yuki - Creo que deberíamos deliberar sobre si ha pasado la prueba o no. No creo que siga con vida tras haberle arrancado el cuerno. Malfurion, examina el cuerno, quizás así podamos saber como ocurrió todo.





La draenisa y la elfa de la noche debatiendo sobre el resultado de la prueba
 
 
Malfurión metió el cuerno en una poza cercana a donde estaban, y tras unas palabras, unas imagenes se proyectaron en el agua. En ellas se veía el momento de esa carga letal, como Aleera casi de la nada coloca la espada, de forma que clava la espada en la cara del traidor de lleno y cercena el cuerno de una forma limpia.

-Bueno, - Dijo Malfurion, con su voz retumbando por todo Darnassus- tras esta prueba clara, no queda otra opción que nombrarte, Aleera Furiainvernal, miembro de la Guardia Real de Darnassus.

Aleera, conteniendo la emoción, ses arrodillaba ante su tío y regente de Darnassus mientras le colocaban el tabardo cuando de repente entró un paladín en la sala.

-¿Malfurion Tempestira? - Preguntó el paladín, ante el asombro de todos.- Soy Inusuke Pasadoluz. Me manda Sebastian Fuegodia para comunicaros que debeis presentaros de inmediato en Ventormenta. El Rey Varian Wrynn solicita que tanto usted como Lady Tyrande comparezcais. El asunto esta relacionado con Illidan y el portal oscuro.

Un silencio aterrador recorrió la sala. ¿Illidan Tempestira y el Portal Oscuro? ¿En que estarían relacionados el traidor y los fragmentos antes conocidos como Draenor?

lunes, 17 de mayo de 2010

Prólogo - Aleera

Este pequeño prólogo es un adelanto de lo que será el primer capitulo.


Aleera era de una de las familias mas poderosas de todo Teldrassil, casi emparejada de sangre con los Susurravientos, los Furiainvernal. Tambien era la cuna de varias de las más grandes sacerdotisas de las "Hijas de Elune", pero este no era el destino que esperaba a Aleera. A una temprana edad de 14 años, decidió ingresar en las filas de la Guardia Real de Darnassus, pese a la insistente desaprobación del núcleo familiar.

-Jamas -Dijo Kaledreth, el cabeza de familia- Jamás una hija mía se presentará ante el cuartel de la Guardia para formar parte de el.
-Pero padre -Contestó rápidamente Aleera- se que quieres que la tradición de sacerdotisas siga, pero aun asi, Elune tiene un destino para mi muy distinto al que crees que tengo desde mi nacimiento.
-Padre -Interrumpió Shibasaki, la hermana gemela- Aleera ha sido de siempre la más fuerte de las dos, y sabes casi como yo que si bien ambas hemos sido bendecidas por la luz, mi hermana no poseé del todo las cualidades que poseén madre y Tia Tyrande.
-"Que puedo hacer..." -Cavilaba para si mismo Kaledreth hasta que dio con la solución- Aleera, presentate a las pruebas, pero no quiero que aparezcas por esta casa si has fallado en la prueba.

Tras agradecerla a su hermana la ayuda, Aleera marchó al cuartel de la Guarda Real, donde se encontró con muchos otros elfos que como ella, querían ser parte importante de esa Guardia que protegía Teldrassil y sus alrededores de peligros más simples que en otros tiempo vividos por el pueblo Kaldorei. Sin mirar atrás, atravesó aquella puerta enorme, pero chocó:

-¡Ay!
-¿Estas bien?
-Empiezo bien aqui...
-Deja que te ayude a levantarte...
-Gracias... ¡Pero tu no eres...! -Gritó Aleera al instante- ¿Sebastian Terkeis, el legendario paladin?
-Bueno -Dijo sonrojandose levemente- No esperaba que me reconocieran tan rápidamente en Darnassus, pero veo que es imposible escapar de mi reputación.
-¿Que trae a un paladín tan legendario por aqui?
-Venía a visitar a un amigo, pero veo que no está. Oh se me olvidaba, este chico de aqui es el hijo de un amigo, Vann.

El joven llamado Vann, que no había apartado la vista en ningun momento de la cara de Aleera, rápidamente disimuló mirando hacia otro lado.
-Ishnu-Alah -Dijo jovialmente Aleera- Encantada de conocerte, Vann.
-Ishnu-Alah -Replicó rápidamente Vann, agachando la cabeza en señal de reverencia- Es un honor estar ante la hija del legendario Kaledreth...
-¿Hasta allí en Ventormenta se conoce a mi padre? -Preguntó Aleera, sorprendida.
-¿Ventormenta? -Dijo Vann con una sonora carcajada- Yo soy de Villa Oscura. Sebastian me habló de el, y de la reputación de su familia como sacerdotisas de Elune.
-Cierto. -Dijo Sebastian- Pronto comenzarás con las labores de sacerdotisa, ¿no?
-No. Voy a ser una guerrera. Pienso ser la mejor guerrera de todo azeroth.
-¿Bromeas?- Interrumpió Vann- Nadie será más conocido que yo, Vann Dialuz.
-¿Quieres... un duelo? -Preguntó Aleera con cierto tono de desafío-
-No llores tras perder, niña -Dijo Vann mientras le cedía una espada.

El duelo fue bastante largo, con golpes por parte de ambos. Aleera, mucho más ágil que Vann debido a su complexión atlética, debido a años y años de adaptación a la ciudad-árbol, lograba muchas veces golpear a Vann con éxito, pero otra cosa distinta era dañar de forma que Vann se rindiese, pero Vann, que ya tenía un entrenamientó básico de guerrero, lograba atacar de manera más contundente, aunque lenta, pero se guardaba un truco bajo la manga. Vann, en un momento que Aleera no estaba atenta, intentó cargar contra ella, pero Sebastian, como viendo lo que pasaría, lanzó una burbuja que protegió a Aleera, y que del impacto mandó a Vann varios metros atrás.

-¿Casi había vencido a esa mocosa? No deberías haberte entromentido en el combate...
-¡SILENCIO VANN! -Bramó Sebastian, y tras recuperar la calma dijo- Vann, recuerda que en el código del guerrero no esta hacer daños a los demás sin razón alguna.
-Maestro, yo....
-La culpa es mia - Dijo Aleera, mientras se encorvaba en señal de disculpa, y a la vez para ocultar las lágrimas de rabia e impotencia, pues ella pensaba que había perdido y que el paladín había tenido que protegerla por debil. - No debí de haber seguido el juego, ni preguntar, ni nada...
Aleera se alejó mientras el pañadín pensaba: "ahora que caigo, la posición de los pies, la postura de las manos... estaba preparada para evitar la carga y contraatacar... creo que he salvado a Vann más bien".

Pasó el tiempo, y Aleera fue practicando y entrenando hasta que llegó el día de la gran prueba que decidiría si entraría en la Guardia Real o si por el contrarío sería rechazada.