Tenían a VanCleef justo ahi debajo, hablando con Gilnid y Mamporros sobre alguna estrategia que parecía no importarles a Aleera y los demás. Xeladriel había muerto a la entrada de la mina sacrificandose por los demás para que la misión resultase un éxito.
- Bueno-Comentó Inusuke, intentando mantener la calma.- Tenemos que intentar que no nos encuentren, coger el pergamino y marcharnos.
- ¿Así sin más? -Interrumpió Raydra, intentando mantener la compostura y un tono bajo.- Inusuke, te recuerdo que ahi arriba Xeladriel se ha matado para asegurarse de que lo logramos, y yo pienso llevarme a alguno por delante, aunque caiga en el intento.
- ¡Parad los dos!-Interrumpió Yuki.- No creo que no tengamos otra opción sino matar a VanCleef, pero intentad no llamar la aten..
Aleera acababa de irse dejando caer hasta el agua.
- ¡Maldición!- Maldijo Vann en voz baja mientras se tiraba procurando no hacer mucho ruido al caer al agua, y detrás de el vinieron los demás.
Estaban ahora mismo pegados al barco, de forma que no se les podía ver, pero podían oirlo todo. El Juggernaut pertenecía a la antigua Horda Orca de la Primera Guerra, y pretendían utilizarlo para destruir Ventormenta en venganza del pasado. Tambien oían historias de piratas que habían matado a otros tripulantes para poder entrar, y hablando de armas y tesoros que si bien parecerían ser mitos y leyendas, más de una podía ser cierta.
- ¡Capitan! ¡Capitan! - Se oyó a un pícaro que parecía ser de los nuevos, a juzgar por su aspecto y forma física.- Acabo de llegar del exterior. ¡Estan todos muertos! ¡Nos atacan!
- ¿Cuantas bajas hay? - Inquirió VanCleef.
- 13 de los nuestros no había ningun cadaver más, señor, yo...
Edwin VanCleef acababa de seccionarle la cabeza de un corte limpió con la daga que llevaba. Nadie había acertado a verle sacarla, pero era lo de menos. Ahora sabían que estaban allí, y no sería tán fácil completarlo todo.
- ¡Escuchadme idiotas! - Vociferó el Contramaestre Mamporros. - ¡Por lo visto como decía nuestro informador, la escoria de Ventormenta nos ataca! ¡¡Acabad con ellos o sereís cena de los Múrlocs!!
Un gran número de Pícaros, piratas, magos, y guerreros atravesaron la puerta que llevaba desde donde estaba varado el Juggernaut hacia la mina. A Szadek le pareció ver una sombra que iba en dirección contraria a los demás, posiblemente de la velocidad a la que irían corriendo los Defias.
- Bien. -Comentó Yuki, con un todo de voz algo lúgrube- Esto aumenta nuestras posibilidades dee sobrevivir.
- ¿Tu crees? -Comentó Aleera- Aun habiendo salido tantos de aqui, ¿cuantos pueden quedar?
- Deja de ser tan negativa, por favor -Apuntilló Inusuke, mientras salía del agua. El Escudo Divino invocado cumplió la función de mantener su armadura a salvo del agua, evitando luego problemas debidos a la filtración de agua. Ayudó a Vann a subir a los otros 3 al embarcadero y añadió. -Este lugar... algo sombrió lo sobrevuela.
Se adentraron en el barco con sumo cuidado. Inusuke iba por delante, martillo en mano, preparado para asestar un golpe mientras Szadek cerraba la comitiva.
- Algo no va bien. -Apuntó Vann. -Si supuestamente sigue habiendo Defias aqui, ¿dónde estan?
- ¡JUSTO AQUI! - Vociferó una grave voz, que no parecía de ninguno de ellos.
Mamporros estaba oculto y asestó un contundente golpe a Inusuke, que por suerte pudo usar el Escudo Divino a tiempo.
- ¡Por Elune! - Dijo Aleera -Ese Tauren es más grande que los demás.
- Mira -Contestó Szadek - Ese colgante es la respuesta.
-Será dificil quitarselo - Dijo Yuki, apesumbrada. Le costaba luchar siendo sacerdotisa y más aun mantener a raya a los Defias que ayudaban a Mamporros, que si bien no eran muchos, se veía que eran los más fuertes. - Si estuviese Xel aqui...
- ¡Dejad de lamentaros! - Grito Inusuke y entonces tentó a Mamporros. - Para ser una vaca, no peleas mal. ¡Dime que habeis hecho con el cuerpo del enano!
Mamporros rió y cargó contra el paladin. "No tengo ni idea de quien me hablas", dijo el Tauren mientras se acercaba al Paladin.
El Paladin, consciente de lo que hacía, golpeó fuertemente en el cráneo del Tauren, de tal manera que se pudo oir hasta como se rompían los huesos. Los Defias que le apoyaba huyeron hacia la salida que conducía a Arrollo de la Luna.
- Demasiado fácil, ¿no? - Dijo Inusuke, mientras Vann miraba fijamente al Tauren, como si sus ojos fueran a huir de la cara, debido a lo gráfico del impacto.
- ¡Cuidado, Inu! - Grito Szadek, mientras Maporros se levantaba. Sus ojos emitían una luz azul, y si bien brotaba sangre de la herída, esta era del mismo color de la segregación que emanaba de la boca llena de colmillos del Tauren.
El Tauren se levantó, y tras emitir un fuerte y temible rugido que Aleera pudo sentir en los más profundo de su corazón, comenzó a andar hacia ellos, con la mirada puesta en Inusuke.
Inusuke se giró raudo y preparó para otro ataque, pero antes de poder hacer nada, Raydra, salió corriendo hacia Mamporros, y le quito el colgante, distrayendolo lo necesario para que Inusuke sacase una espada y le seccionase la cabeza limpiamente al No-Muerto, el cual se retorció levemente en el suelo antes de cesar de moverse
- Uno menos. Y Raydra, eso no era necesario- Dijo Inusuke, sonriendo. -Le tenía bajo control.
Raydra asintió sonriendo mientras limpia el icor de la espada en un trozo de lana que había allí. Szadek sin embargo miraba el cadaver del Tauren con cierto temor.
- Esto no es bueno... No muertos en Páramos de Poniente... Lady Jaina debe saber esto... - Dijo Szadek con tono de preocupación.
- Sea lo que sea - Dijo una voz. - Pagaréis por la muerte de Mamporros.
- ¡VANCLEEF! - Gritó Aleera, sin lograr reprimir cierta ira.
- Veo que hasta en la lejana Kalimdor soy vastante reconocido. Tendré que procurar irme allá tras acabar con Ventormente.
- ¡JAMÁS! - Bramó Aleera, sin poder mantener más una ira que había desatado en la entrada a la Ladronera.
Entonces atacaron todos a VanCleef, el cual pese a atacar solo con un par de dagas, podía manejar tranquilamente a todos los que estaban allí. De un barrido logró derribarlos a todos, pero Aleera se mantuvo en pie.
- Veo que la elfita se mantiene en pie... - Inquirió VanCleef con cierto tono burlon. - Serías una gran sustituta de Mamporros... ademas, la piratería es tan trista y solitaria...
Aleera hizo caso omiso a lo que decía y cargó contra el. VanCleef, pese a ser un simple albañil, tenía un manejo de las dagas y una agilidad inusual para alguien de tal constitución.
- Caereis aqui, y con vuestros cuerpos haremos comida para los Múrlocs, con vuestros pellejos haremos velas nuevas y con vuestras armaduras y objetos haremos armas y cañones para así de una vez, conquistar todas las capitales de todo Azeroth. ¡SERÉ INCLUSO MÁS PODEROSO QUE EL MISMISIMO REY EXÁNIME!
- ¡Noooooo! -Gritó Aleera, mientras le cortaba a VanCleef un brazo al altura del codo. VanCleef no paraba de sangrar, pero segía blandiendo la daga en el otro brazo.
- Esto... no es problema para mi. Pronto tendré un poder que hará que esto sea un leve corte.
- Creo que no. -Dijo una sombra que le acababa de coger.- ¿Me echasteis de menos?
A Aleera y Yuki se le saltaron las lágrimas. Los demás no se lo podían creer lo que veían.
- ¡TRAIDOR! - Bramó VanCleef, con los ojos rojos llenos de rabia, mientras Xel lo mantenía sujeto.
- Traidor, a ti si - Aclaró la sombra. - A mi tierra, y a mis amigos, les soy leal hasta la muerte. Y le cortó a VanCleef la cabeza, la cual cayó al suelo haciendo un ruido sordo. Aleera echó a correr entre lágrimas a la sombra.
- Pensé que ibas a morir... no nos des estos sustos más, Xeladriel, por favor.
A traves de su barba marrón hirsuta, se podía ver una sonrisa mientras a Inusuke le devolvía una mirada de complicidad. Que el le devolvió asintiendo con la cabeza.
- Lo planeé todo con Inusuke, al contrario que vosotros, puedo moverme con más facilidad por las sombras y camuflarme. Además, VanCleef me conocía, y si me veia, atacaría con más facilidad.
- ¿Cómo es que te conoce? - Preguntó Yuki, bastante sorprendida.
- VanCleef fue alumno mío cuando era instructor. Entonces era un joven con talento y buenas intenciones. Nada me hacía presagiar... - Miró el enano a su alrededor. - Esto.
Aleera buscó junto a Vann entre las pertenencias de VanCleef. Encontraron el pergamino y una carta sin enviar dirigida al Arquitecto Jefe de Ventormenta. Cogieron ambas cosas y se reunieron con los demás.
- Szadek, lo tenemos todo. - Dijo Aleera. - Vamonos.
- Bien pues. - Respondió el mago asintiendo con una sonrisa y murmuró unas palabras. De repente, fueron rodeados por una luz azul y en cuestion de segundos, aparecieron en la Sala del Trono. Estaban contentos de haber completado la misión, pero las caras del Rey y del resto de los presentes eran de preocupación y miraban fijamente a Aleera. Aleera se acercó hacia Jaina, que rompió a llorar.
Aleera, la forja de una leyenda.
La historia de una de las elfas de la noche más poderosas de azeroth, y sus logros.
lunes, 15 de noviembre de 2010
miércoles, 7 de julio de 2010
Capítulo 4 - Van Cleef
- ¿Una mina? ¿Custodiada por Defias?
- Así es, Gryan. - Comentó Vann. - Por lo visto, están vigilando ferreamente. De los 4 que estaban, he reconocido a Marissa DuPaige, así que no creo que sea una tarea tan fácil.
- ¿Entrar, coger el pergamino y mandar a Van Cleef al infierno? Soy pícaro, no tonto. - Dijo Xeladriel, seguro de si mismo.
- Xeladriel, no eres el único pícaro que habrá dentro. Son ladrones, - Interrumpió Aleera.- expertos en robar y asesinar sin que nadie lo sepa.
- Cierto. - Confirmó Yuki. - Aunque pudieses entrar, ¿Tan seguro estás de poder cogerlo y salir?
Xeladriel dedicó una fulminante mirada a la elfa de la noche, la cual le devolvió la mirada.
- Bueno, - Dijo Gryan Mantorrecio, intentando disipar la tensión del ambiente. - Os dejo esto a cargo. Cuantos más Defias caigan, os estaremos agradecidos aquí en Colina del Centinela.
- Tranquilo. - Dijo Raydra, y luego miró a los demás. - En marcha, la primera parada nos espera.
Todos caminaron hacia donde Vann y Aleera habían visto a los Defias. No fue dificil encontrarla, pese a ser un camino bastante largo.
- Teníais razón, son 4 - Afirmó Raydra. - DuPaige, otro con dos espadas y un orco con un hacha.
- ¿Orcos en los Defias? - Puntualizó Inusuke.
- No me extraña, - Dijo Vann mientras desenvainaba las espadas. - Buscan gente que esté en contra de la Alianza, y sobretodo Ventormenta.
- Ese orco... - Dijo Yuki, mientras meditaba - Es un orco del clan Roca Negra. Son parte de la Horda Oscura.
- ¿Horda Oscura? - Preguntó Xeladriel, confuso.
- La Horda Oscura son ex-miembros de la Horda, - Explicó Szadek, ante la atónita mirada de Xeladriel y Aleera. - que se niegan a seguir a Thrall y su tregua con la Alianza. Son orcos del clan Roca Negra, Trolls, Ogros, y poco más. Por lo visto, suelen estar por Crestagna, raro es verlos por aqui.
- Roca negra o no - Interrumpió Xeladriel, escupiendo al suelo. - Son enemigos de la alianza. - Y entonces Xel se camufló.
- ¡Maldición! - Musitó Raydra. - ¡Vamos!
Siguieron sigilosamente a Raydra mientras Yuki se quedaba en la distancia, preparada para asistir en caso de problemas de algún tipo.
- Xel, - Dijo Yuki, comunicandose mentalmente con el pícaro. - Cuando estés listo, avisa a los demás. Están justo encima de la entrada, ocultos para atacar a tu señal.
Xel asintió y mientras seguía oculto, hincó una rodilla en el suelo mientras preparaba las dagas con veneno paralizante, y montaba algunas cargas explosivas y de humo para asegurar una vía de escape para los demás en caso de problemas. Xel se acercó sigilosamente al orco y se puso a su lado, mientras miraba hacia Raydra.
Xel se aparecío, poniendo una de sus dagas en el cuello del orco, pero a su vez DuPaige ponía la suya en el cuello del enano.
-Yo que tu no lo haría, - Espetó la picara. - Vas a ser buena carne para los...
No llegó a terminar la frase debido al impacto del conjuro usado por Yuki. Durante unos pocos minutos, estuvieron luchando unos contra otros, y cayeron el orco y los 2 humanos, pero DuPaige se logró escabullir hacia detrásde Xeladriel.
-¡Quietos! No os movais o el enano lo pagará. - Dijo Marissa, mientras amenazaba con matar a Xeladriel. El enano miraba tranquilo a Raydra y asintió, con lo cual bajó su espada.
-Bajad las armas. - Dijo Raydra. - No ha ganado.
-¿Bromeas? - Gritó Yuki, fuera de si. - ¡Podemos con ella! Xel podría...
Antes de acabar la frase, Xel gritó algo y explotó en una nube de humo. Ninguno podía creerselo. DuPaige aparecía entre el humo, confundida pero riendose como una loca.
- ¡¡¡He matado al legendario Xeladriel!!! Van Cleef me recompensará nombrandome como segunda al cargo cuando le entregue vuestras cabezas...
Casi sin pensarselo, Aleera se lanzó desesperada hacia la asesina. No veía a Yuki pidiendole que pare, ni a Inusuke intentando frenarla. Szadek intentó detenerla con un conjuro, pero la elfa fue rápida. Casi sin pensarlo, cortó limpiamente la cabeza de la asesina. Cuando se dio cuenta, soltó la espada y cayó de rodillas mientras miraba el cuerpo decapitado de la asesina de Xeladriel.
- Aleera, vamos. - Dijo Yuki, sin poder ocultar la pena de perder a un amigo. - No podíamos hacer nada.
- He matado. - Dijo Aleera lacónicamente.
-¡Maldición, pasos! - Dijo Szadek mientras cogía la espada de Aleera. - Tenemos que entrar, ahora o nunca.
Vann cogió a Aleera y entró con ella en la cueva. La jóven nunca había matado, y desde luego no le gustaba esa sensación...
- ¿Porqué lo hice? ¿Porque la maté?
- No tenías otra opción, Aleera. - Dijo Raydra, intentando consolar a la joven. - Ella mató a Xel, y tu lo que hiciste fue vengarte. Además, de no haber hecho nada seguiría reclutando gente para su causa.
- Desde ahora, no mataré sin pensarlo antes.
- No te lo recomiendo. - Dijo Inusuke. - De ser necesario, ataca, golpea, mata como ultimo recurso, pero no puedes pensar. El enemigo no tendrá la misma consideración.
Aleera asintió, y tras una mirada atrás a la entrada, intentó reprimir las ganas de llorar y caminó hacia delante.
Un buen rato pasaron andando y por fin llegaron:
El Juggernaut de Van Cleef. Mr. Smite y Pielverde daban ordenes a una tripulación enorme.
- Son... ¿más de 100? - Preguntó Inusuke, extrañado.
- Puede que más. - Respondió Szadek, algo dubitativo
- Esto es un suicidio. - Musitó Raydra. - 100 contra 6... espero que logremos sobrevivir...
- Tenemos que hacerlo, - Dijo Yuki, convencida.
- Por Xel. - Puntualizó Vann.
Aleera asintió a la vez que lograba vislumbrar una silueta a través de un ojo de buey. Era Van Cleef.
Pese a estar llena de ira por la muerte de su compañero, subió a lo alto de un saliente con los demás, esperando el momento de atacar.
- Así es, Gryan. - Comentó Vann. - Por lo visto, están vigilando ferreamente. De los 4 que estaban, he reconocido a Marissa DuPaige, así que no creo que sea una tarea tan fácil.
- ¿Entrar, coger el pergamino y mandar a Van Cleef al infierno? Soy pícaro, no tonto. - Dijo Xeladriel, seguro de si mismo.
- Xeladriel, no eres el único pícaro que habrá dentro. Son ladrones, - Interrumpió Aleera.- expertos en robar y asesinar sin que nadie lo sepa.
- Cierto. - Confirmó Yuki. - Aunque pudieses entrar, ¿Tan seguro estás de poder cogerlo y salir?
Xeladriel dedicó una fulminante mirada a la elfa de la noche, la cual le devolvió la mirada.
- Bueno, - Dijo Gryan Mantorrecio, intentando disipar la tensión del ambiente. - Os dejo esto a cargo. Cuantos más Defias caigan, os estaremos agradecidos aquí en Colina del Centinela.
- Tranquilo. - Dijo Raydra, y luego miró a los demás. - En marcha, la primera parada nos espera.
Todos caminaron hacia donde Vann y Aleera habían visto a los Defias. No fue dificil encontrarla, pese a ser un camino bastante largo.
- Teníais razón, son 4 - Afirmó Raydra. - DuPaige, otro con dos espadas y un orco con un hacha.
- ¿Orcos en los Defias? - Puntualizó Inusuke.
- No me extraña, - Dijo Vann mientras desenvainaba las espadas. - Buscan gente que esté en contra de la Alianza, y sobretodo Ventormenta.
- Ese orco... - Dijo Yuki, mientras meditaba - Es un orco del clan Roca Negra. Son parte de la Horda Oscura.
- ¿Horda Oscura? - Preguntó Xeladriel, confuso.
- La Horda Oscura son ex-miembros de la Horda, - Explicó Szadek, ante la atónita mirada de Xeladriel y Aleera. - que se niegan a seguir a Thrall y su tregua con la Alianza. Son orcos del clan Roca Negra, Trolls, Ogros, y poco más. Por lo visto, suelen estar por Crestagna, raro es verlos por aqui.
- Roca negra o no - Interrumpió Xeladriel, escupiendo al suelo. - Son enemigos de la alianza. - Y entonces Xel se camufló.
- ¡Maldición! - Musitó Raydra. - ¡Vamos!
Siguieron sigilosamente a Raydra mientras Yuki se quedaba en la distancia, preparada para asistir en caso de problemas de algún tipo.
- Xel, - Dijo Yuki, comunicandose mentalmente con el pícaro. - Cuando estés listo, avisa a los demás. Están justo encima de la entrada, ocultos para atacar a tu señal.
Xel asintió y mientras seguía oculto, hincó una rodilla en el suelo mientras preparaba las dagas con veneno paralizante, y montaba algunas cargas explosivas y de humo para asegurar una vía de escape para los demás en caso de problemas. Xel se acercó sigilosamente al orco y se puso a su lado, mientras miraba hacia Raydra.
Xel se aparecío, poniendo una de sus dagas en el cuello del orco, pero a su vez DuPaige ponía la suya en el cuello del enano.
-Yo que tu no lo haría, - Espetó la picara. - Vas a ser buena carne para los...
No llegó a terminar la frase debido al impacto del conjuro usado por Yuki. Durante unos pocos minutos, estuvieron luchando unos contra otros, y cayeron el orco y los 2 humanos, pero DuPaige se logró escabullir hacia detrásde Xeladriel.
-¡Quietos! No os movais o el enano lo pagará. - Dijo Marissa, mientras amenazaba con matar a Xeladriel. El enano miraba tranquilo a Raydra y asintió, con lo cual bajó su espada.
-Bajad las armas. - Dijo Raydra. - No ha ganado.
-¿Bromeas? - Gritó Yuki, fuera de si. - ¡Podemos con ella! Xel podría...
Antes de acabar la frase, Xel gritó algo y explotó en una nube de humo. Ninguno podía creerselo. DuPaige aparecía entre el humo, confundida pero riendose como una loca.
- ¡¡¡He matado al legendario Xeladriel!!! Van Cleef me recompensará nombrandome como segunda al cargo cuando le entregue vuestras cabezas...
Casi sin pensarselo, Aleera se lanzó desesperada hacia la asesina. No veía a Yuki pidiendole que pare, ni a Inusuke intentando frenarla. Szadek intentó detenerla con un conjuro, pero la elfa fue rápida. Casi sin pensarlo, cortó limpiamente la cabeza de la asesina. Cuando se dio cuenta, soltó la espada y cayó de rodillas mientras miraba el cuerpo decapitado de la asesina de Xeladriel.
- Aleera, vamos. - Dijo Yuki, sin poder ocultar la pena de perder a un amigo. - No podíamos hacer nada.
- He matado. - Dijo Aleera lacónicamente.
-¡Maldición, pasos! - Dijo Szadek mientras cogía la espada de Aleera. - Tenemos que entrar, ahora o nunca.
Vann cogió a Aleera y entró con ella en la cueva. La jóven nunca había matado, y desde luego no le gustaba esa sensación...
- ¿Porqué lo hice? ¿Porque la maté?
- No tenías otra opción, Aleera. - Dijo Raydra, intentando consolar a la joven. - Ella mató a Xel, y tu lo que hiciste fue vengarte. Además, de no haber hecho nada seguiría reclutando gente para su causa.
- Desde ahora, no mataré sin pensarlo antes.
- No te lo recomiendo. - Dijo Inusuke. - De ser necesario, ataca, golpea, mata como ultimo recurso, pero no puedes pensar. El enemigo no tendrá la misma consideración.
Aleera asintió, y tras una mirada atrás a la entrada, intentó reprimir las ganas de llorar y caminó hacia delante.
Un buen rato pasaron andando y por fin llegaron:
El Juggernaut de Van Cleef. Mr. Smite y Pielverde daban ordenes a una tripulación enorme.
- Son... ¿más de 100? - Preguntó Inusuke, extrañado.
- Puede que más. - Respondió Szadek, algo dubitativo
- Esto es un suicidio. - Musitó Raydra. - 100 contra 6... espero que logremos sobrevivir...
- Tenemos que hacerlo, - Dijo Yuki, convencida.
- Por Xel. - Puntualizó Vann.
Aleera asintió a la vez que lograba vislumbrar una silueta a través de un ojo de buey. Era Van Cleef.
Pese a estar llena de ira por la muerte de su compañero, subió a lo alto de un saliente con los demás, esperando el momento de atacar.
sábado, 26 de junio de 2010
Capítulo 3 - Páramos de Poniente
Los Páramos de Poniente son una sombra de lo que eran en la antigüedad. En estas tierras la agricultura y la ganadería eran lás únicas fuentes de ingresos en unas familias que intercalaban la vida en el campo con la vida en Arroyo de la Luna, la aldea de Páramos y una aldea próspera, hasta que llegaron los Defias. Estos, a las ordenes de Edwin Van Cleef, iban a tomar Ventormenta a la fuerza y destruirla, en venganza por un hecho del pasado. La resistencia contra los Defias la lidera Gryan Mantorrecio, líder de "La Milicia", un grupo de campesinos dispuestos a recuperar sus tierras.
Cuando Aleera y los demás llegan, se encuentran un paraje desolador, aunque con cierto brillo de esperanza.
-Yuki, - Dijo Aleera - ¿Cómo pueden los Defias atacar a esta pobre gente? ¿Porqué el Rey Varian no hace nada por ellos?
- No es que Varian no haga nada - Interrumpió Inusuke. - Varian esta atado de pies y manos por los Nobles. Todo esto entre los Defias y Ventormenta se remonta a la reconstrucción, pero ya habrá tiempo de contarlo.
Cuando llegan a la Colina del Centinela, Gryan Mantorrecio acude a saludarles.
- Por la luz, pensé que nunca llegarían. - Dijo Gryan, bastante aliviado. - Hemos logrado atrapar a dos de ellos, uno ha contado todo lo que sabe, pero el otro se resiste a hablar.
- Gryan, - Dijó Raydra, convencida. - Déjamelo a mi.
Raydra entró en la torre, y pasó un largo rato mientras esperaban, cuando de repente, Raydra salió junto a otra persona más con una armadura similar.
-Listo - Dijo Raydra sacudiendose los guantes. - La ladronera está en el establo de Arroyo de la Luna. Lo que lamento es no haber podido salvar su vida.
-No importa. - Dijo Xeladriel, bastante exaltado. - Cuantos más asesinos de inocentes mueran, mejor para esta gente.
Mientras Xeladriel seguía echando pestes de los Defias y comparandolos con los "okupas" de Gnomeragan, Aleera se fijó en el joven que estaba al lado de Raydra.
- Tu no eres... - Dijo Aleera. - ¿Vann?
- ¿Aleera? - Preguntó el muchacho, sorprendido.
- ¡Vann! ¡Cuanto tiempo! ¿Que haces aqui?
- Bolvar me mandó venir a comprobar el terreno. ¿Y tu, que haces aqui?
-Veníamos a por un pergamino que guarda Van Cleef, que nos hace falta para poder activar el Portal Oscuro... ¿Porqué llevas una armadura como la de Raydra?
- Puesss...
- Raydra, - Interrumpió Aleera. - ¿Los humanos tambien pueden ser miembros de La Guardia?
- Generalmente no. - Dijo Raydra. - Pero en este caso, Malfurion hizo una excepción dada la peligrosa naturaleza de la misión, y contactó con Varian para que nos cediese a uno de sus mejores soldados.
-¡NO NECESITO PROTECCIÓN! - Bramó Aleera, y dicho esto, huyó.
Aleera se alejó mucho de la Colina del Centinela y las granjas, y llegó a la costa, que al contrario que el resto de la comarca, parecía lleno de vida. Dio un paseo largo por la playa, pero de repente, los murlocs se abalanzaron contra ella. Sacó su espada pensando que podría con ellos, pero eran demasiados. De repente, alguien saltó desde una colina y se puso delante de ella.
-Por esto es por lo que estoy aqui. - Dijo la figura y se lanzó con sus 2 espadas a por los murlocs, a la vez que le pedía a Aleera que le ayudase contra ellos.
Terminada la pelea, Aleera, algo cansada, se acerca a Vann.
- ¿Me estabas siguiendo? - Inquirió
- Más o menos. Como dijo Raydra, estoy aqui para protegerte.
- Espero que la luz le acogiese. En una exploración por Tirisfal, la Plaga nos emboscó y acabaron con el. Sólo espero que no le hayan convertido.
- Vann, yo... - Aleera, mientras mira hacia otro lado para ocultar su tristeza, ve a la entrada de una cueva a varios Defias vigilando la entrada. - Vann.. ¿puede ser aquello otra entrada secreta a la ladronera?
- ¿Quien sabe? Vamos a buscar a los demás, no hay tiempo que perder.
Mientras los 2 volvían a Colina del Centinela, desde una cueva rodeada de lava, alguien contemplaba a través de un orbe todo lo acontecido.
Cuando Aleera y los demás llegan, se encuentran un paraje desolador, aunque con cierto brillo de esperanza.
-Yuki, - Dijo Aleera - ¿Cómo pueden los Defias atacar a esta pobre gente? ¿Porqué el Rey Varian no hace nada por ellos?
- No es que Varian no haga nada - Interrumpió Inusuke. - Varian esta atado de pies y manos por los Nobles. Todo esto entre los Defias y Ventormenta se remonta a la reconstrucción, pero ya habrá tiempo de contarlo.
Cuando llegan a la Colina del Centinela, Gryan Mantorrecio acude a saludarles.
- Por la luz, pensé que nunca llegarían. - Dijo Gryan, bastante aliviado. - Hemos logrado atrapar a dos de ellos, uno ha contado todo lo que sabe, pero el otro se resiste a hablar.
- Gryan, - Dijó Raydra, convencida. - Déjamelo a mi.
Raydra entró en la torre, y pasó un largo rato mientras esperaban, cuando de repente, Raydra salió junto a otra persona más con una armadura similar.
-Listo - Dijo Raydra sacudiendose los guantes. - La ladronera está en el establo de Arroyo de la Luna. Lo que lamento es no haber podido salvar su vida.
-No importa. - Dijo Xeladriel, bastante exaltado. - Cuantos más asesinos de inocentes mueran, mejor para esta gente.
Mientras Xeladriel seguía echando pestes de los Defias y comparandolos con los "okupas" de Gnomeragan, Aleera se fijó en el joven que estaba al lado de Raydra.
- Tu no eres... - Dijo Aleera. - ¿Vann?
- ¿Aleera? - Preguntó el muchacho, sorprendido.
- ¡Vann! ¡Cuanto tiempo! ¿Que haces aqui?
- Bolvar me mandó venir a comprobar el terreno. ¿Y tu, que haces aqui?
-Veníamos a por un pergamino que guarda Van Cleef, que nos hace falta para poder activar el Portal Oscuro... ¿Porqué llevas una armadura como la de Raydra?
- Puesss...
- Raydra, - Interrumpió Aleera. - ¿Los humanos tambien pueden ser miembros de La Guardia?
- Generalmente no. - Dijo Raydra. - Pero en este caso, Malfurion hizo una excepción dada la peligrosa naturaleza de la misión, y contactó con Varian para que nos cediese a uno de sus mejores soldados.
-¡NO NECESITO PROTECCIÓN! - Bramó Aleera, y dicho esto, huyó.
Aleera se alejó mucho de la Colina del Centinela y las granjas, y llegó a la costa, que al contrario que el resto de la comarca, parecía lleno de vida. Dio un paseo largo por la playa, pero de repente, los murlocs se abalanzaron contra ella. Sacó su espada pensando que podría con ellos, pero eran demasiados. De repente, alguien saltó desde una colina y se puso delante de ella.
-Por esto es por lo que estoy aqui. - Dijo la figura y se lanzó con sus 2 espadas a por los murlocs, a la vez que le pedía a Aleera que le ayudase contra ellos.
Terminada la pelea, Aleera, algo cansada, se acerca a Vann.
- ¿Me estabas siguiendo? - Inquirió
- Más o menos. Como dijo Raydra, estoy aqui para protegerte.
- Espero que la luz le acogiese. En una exploración por Tirisfal, la Plaga nos emboscó y acabaron con el. Sólo espero que no le hayan convertido.
- Vann, yo... - Aleera, mientras mira hacia otro lado para ocultar su tristeza, ve a la entrada de una cueva a varios Defias vigilando la entrada. - Vann.. ¿puede ser aquello otra entrada secreta a la ladronera?
- ¿Quien sabe? Vamos a buscar a los demás, no hay tiempo que perder.
Mientras los 2 volvían a Colina del Centinela, desde una cueva rodeada de lava, alguien contemplaba a través de un orbe todo lo acontecido.
viernes, 11 de junio de 2010
Interludio 1º - Kaelthas
Kaelthas Caminante del Sol, antiguo soberano de los elfos de sangre.
-Kaelthas... has venido...
-Revela tu rostro, demonio.
-Por favor, no hace falta ser tan rudo, amigo. Despues de todo, estamos en el mismo bando.
-¿Cómo se que puedo confiar en ti?
-¿No dije que vendría sólo? Como puedes ver, elfo, estoy solo, frente a ti y desarmado.
-Un demonio nunca va desarmado. Conozco vuestros trucos.
-En fin. Kaelthas, nosotros los Nathrezim estamos ya hartos de fingir que la Dama Oscura nos tiene controlados. Sabemos que quieres poder. Los Elfos ansiais el poder más que la propia vida.
-¿Que debo hacer?
-Desde el pozo del sol, queremos que invoques a Kil'Jaeden. Él limpiará el mundo de toda presencia inmunda e indigna de estar presente ante el gran Sargeras. A cambio, tendrás más poder del que ansias.
-¿Sólo eso?
-Ni Illidan, ni tu pueblo deben saber nada. Si Illidan lo descubre, usará la energía para destruirnos a todos, y tu pueblo de mataría antes de que acercases al pozo. Actuaremos con sigilo, y todos saldremos ganando.
-Dame 2 semanas y el pozo estará listo... socio.
El demonio soltó una retumbante carcaja y dijo:
-Kaelthas, en estas 2 semanas debes actuar como si no pasara nada. Nadie debe sospechar de ti.
Mientras Kaelthas volvía al Templo Oscuro, el Nathrezim decía para si mismo.
- Ninguna especie es inmune al poder. Siempre se ansía más del que se puede tener.
El Nathrezim se funde en las sombras, mientras que en Azeroth, alguien despierta de una pesadilla gritando.
jueves, 10 de junio de 2010
Capítulo 2 - De traidores y profecías.
Ventormenta es sin duda, despues de Lordaeron, la ciudad más importante de todo Azeroth, y la capital de la raza humana tras la caida de Lordaeron. En ella, los humanos conviven con las demás especies de todo Azeroth en armonía. Aleera nunca había ido, simplemente había escuchado las historias de su padre y de su tío, pero aun con lo que le contaban no se la imaginaba de ese tamaño.
-Aleera... - Dijo Malfurion - Es por aqui...
-Lo siento tio, es que... no estoy acostumbrada a salir de Darnassus - Dijo Aleera, asombrada. - Y yo que pensaba que Teldrassil era grande... - Aleera patea una piedra que parece golpear la pared, aunque se oye un "¡Ay!" y continua.- Yuki, ¿Vienes a menudo a Ventormenta?
-Antes venía más. -Respondió la draenisa.- En los tiempos de la 3ª guerra prácticamente pasamos la mayoría del tiempo aqui, esperando a la Plaga. Tras asegurarnos de que esta ciudad estaba a salvo de la Plaga, el Alto Aldor me mandó a Darnassus a vigilar en caso de que Illidan regresara de su exilio...
-Malfurion, - Preguntaba Raydra mientras Yuki hablaba con Aleera. - comprendo que Yuki venga al ser una veterana de la 3ª guerra y aparte sea una enviada del Alto Aldor. Pero, ¿Que pinta Aleera aqui?
-Raydra, - Respondió Malfurion, con aire tranquilo. - Cenarius me habló la noche anterior a la prueba. Me dijo como acabaría la prueba. Tambien me habló de un enemigo poderoso, destructor de mundos, aliado con un viejo amigo y un traidor. Luego me dijo que la persona que pasó la prueba contra el traidor sería la que liberaría a todo Azeroth de la plaga, y que sería decisiva en la lucha contra el traidor a la alianza y a los elfos de la noche.
El Rey Varian es una de las personas más poderosas de la alianza, y a la vez casi más grande que Malfurion en cuanto a tamaño. Pese a su imponente tamaño, Varian es una persona sabia y condescendiente. Junto a el van Lady Prestor y Bolvar Fondragon.
- Disculpadme si os he hecho venir con prisas, - Dijo Varian, con semblante preocupado. - Pero la situación lo requería. Katrana, por favor.
- Varios informes revelan que El Portal Oscuro se ha abierto. - Dijo Lady Prestor, con un semblante serio, ocultando un miedo y una preocupación que por lo visto compartían todos. - Hemos mandado una expedición al antiguo Bastión del Honor, pero por lo visto los datos no llegan aún.
Cuando parecía que Lady Prestor iba a hablar, aparecieron mágicamente 3 personas más: Jaina Valiente, Rhonin y un tercer mago que no llevaba una insignia del Kirin Tor, al contrario que los otros dos.
- Perdon por haceros esperar, pero tenemos finalmente datos de la expedición. - Dijo Jaina, con voz preocupada. - Szadek, cuando quieras.
- Nuestras fuerzas en Draenor han sido totalmente menguadas debido a incursiones de orcos diabólicos, eredar y demás razas. Y como intentando hurgar el dedo en la llaga, la horda se ha adentrado y esta por lo visto intentando acabar con nuestro último reducto alli.
-¿La Horda? Maldicion... - Gritó Varian.- Sabía que esos sucios orcos y sus aliados no eran de fiar. Debemos ir hacia allá pronto. No quiero tener que presidir funerales otra vez, esta vez presidiremos la victoria de la alianza frente a nuestros rivales.
-Disculpe, Rey - Dijo Aleera, temblando levemente al dirigirse al imponente Rey de Ventormenta. - Pero no sería tan fácil. Por historias que he leido, para atravesar el portal, haría falta un pergamino que el mismísimo Van Cleef robó a un Aojador de los Troll. Y entrar en las minas sería un suicidio, habría que entrar con mucho sigilo, y dudo que pudiesemos lograrlo.
-Malfurion, - Inquirió Varian -¿esta chiquilla no era tu sobrina?
-Si, - Respondio el Druida, pensativo. - Es mi sobrina Aleera Furiainvernal.
-Furiainvernal, eh? conozco a tu padre, es un gran hombre, y una de las personas a las que más respeto. Las minas de la muerte están en los páramos de poniente. Hablad con el jinete Dungan en el puesto de grifos y dadle esto de mi parte, os dejará gratis el viaje hacia...
-¡TU! - Gritó una voz que sonaba a Aleera. - ¡Maldita orejas picudas!
-¿E-es a mi? - Preguntó Aleera, muerta de miedo.
El salón de las entrevistas reales era enorme, con muchos pilares y escasamente iluminado al estar en la parte trasera del castillo. Aleera y los demás comenzaron a vigilar todos los angulos posibles.
-¡Antes me golpeaste con una piedra en la cabeza! ¿Te parece divertido atacar a gente por la espalda de esa manera?
-Yo, lo... lo.. lo siento, no sabía que había golpeado a alguien.
De repente apareció varios metros lejos de ella una sombra que echó a correr hacia ella. La sombra parecía empuñar un par de dagas y era la mitad de alta que la elfa de la noche. Pero Yuki, que situó la pezuña estratégicamente, derribó a la sombra, que tras dar varias vueltas, se disolvió dejando a la vista un enano que parecía estar levemente bebido.
-Mira quien es. - Dijo Inusuke, con una sonrisa en la cara. - Xeladriel, ¿otra vez bebiendo?
-¿Le conoceis? - Dijo Aleera respirando rápidamente. Lady Prestor no apartó la mirada en ningun momento de Aleera, como intentando ver algo a través de ella. - ¿Conoceis a este borracho?
-Xeladriel es pícaro, - Dijo Yuki - Y es a la vez uno de los pocos que sobrevivieron de Dun Modr a la invasión del clan de los Enanos Negros.
-Pues es perfecto para ese cometido. - Dijo Malfurion - Varian, disculpa que me vaya pero debor partir de inmediato hacia el Claro de Luna. Si lo que dices es cierto no Azeroth, todo lo que conocemos está en peligro.
Mientras malfurion se marchaba al Claro de Luna y Aleera, Yuki y los demás iban al puesto de grifos, Lady Prestor sospechosamente dibujó una sonrisa en su rostro.
-Aleera... - Dijo Malfurion - Es por aqui...
-Lo siento tio, es que... no estoy acostumbrada a salir de Darnassus - Dijo Aleera, asombrada. - Y yo que pensaba que Teldrassil era grande... - Aleera patea una piedra que parece golpear la pared, aunque se oye un "¡Ay!" y continua.- Yuki, ¿Vienes a menudo a Ventormenta?
-Antes venía más. -Respondió la draenisa.- En los tiempos de la 3ª guerra prácticamente pasamos la mayoría del tiempo aqui, esperando a la Plaga. Tras asegurarnos de que esta ciudad estaba a salvo de la Plaga, el Alto Aldor me mandó a Darnassus a vigilar en caso de que Illidan regresara de su exilio...
-Malfurion, - Preguntaba Raydra mientras Yuki hablaba con Aleera. - comprendo que Yuki venga al ser una veterana de la 3ª guerra y aparte sea una enviada del Alto Aldor. Pero, ¿Que pinta Aleera aqui?
-Raydra, - Respondió Malfurion, con aire tranquilo. - Cenarius me habló la noche anterior a la prueba. Me dijo como acabaría la prueba. Tambien me habló de un enemigo poderoso, destructor de mundos, aliado con un viejo amigo y un traidor. Luego me dijo que la persona que pasó la prueba contra el traidor sería la que liberaría a todo Azeroth de la plaga, y que sería decisiva en la lucha contra el traidor a la alianza y a los elfos de la noche.
El Rey Varian es una de las personas más poderosas de la alianza, y a la vez casi más grande que Malfurion en cuanto a tamaño. Pese a su imponente tamaño, Varian es una persona sabia y condescendiente. Junto a el van Lady Prestor y Bolvar Fondragon.
- Disculpadme si os he hecho venir con prisas, - Dijo Varian, con semblante preocupado. - Pero la situación lo requería. Katrana, por favor.
- Varios informes revelan que El Portal Oscuro se ha abierto. - Dijo Lady Prestor, con un semblante serio, ocultando un miedo y una preocupación que por lo visto compartían todos. - Hemos mandado una expedición al antiguo Bastión del Honor, pero por lo visto los datos no llegan aún.
Cuando parecía que Lady Prestor iba a hablar, aparecieron mágicamente 3 personas más: Jaina Valiente, Rhonin y un tercer mago que no llevaba una insignia del Kirin Tor, al contrario que los otros dos.
Los 5 que hablaron a nuestros héroes: Lady Prestor, Rey Varian, Bolvar, Rhonin, Jaina y Szadek.
- Nuestras fuerzas en Draenor han sido totalmente menguadas debido a incursiones de orcos diabólicos, eredar y demás razas. Y como intentando hurgar el dedo en la llaga, la horda se ha adentrado y esta por lo visto intentando acabar con nuestro último reducto alli.
-¿La Horda? Maldicion... - Gritó Varian.- Sabía que esos sucios orcos y sus aliados no eran de fiar. Debemos ir hacia allá pronto. No quiero tener que presidir funerales otra vez, esta vez presidiremos la victoria de la alianza frente a nuestros rivales.
-Disculpe, Rey - Dijo Aleera, temblando levemente al dirigirse al imponente Rey de Ventormenta. - Pero no sería tan fácil. Por historias que he leido, para atravesar el portal, haría falta un pergamino que el mismísimo Van Cleef robó a un Aojador de los Troll. Y entrar en las minas sería un suicidio, habría que entrar con mucho sigilo, y dudo que pudiesemos lograrlo.
-Malfurion, - Inquirió Varian -¿esta chiquilla no era tu sobrina?
-Si, - Respondio el Druida, pensativo. - Es mi sobrina Aleera Furiainvernal.
-Furiainvernal, eh? conozco a tu padre, es un gran hombre, y una de las personas a las que más respeto. Las minas de la muerte están en los páramos de poniente. Hablad con el jinete Dungan en el puesto de grifos y dadle esto de mi parte, os dejará gratis el viaje hacia...
-¡TU! - Gritó una voz que sonaba a Aleera. - ¡Maldita orejas picudas!
-¿E-es a mi? - Preguntó Aleera, muerta de miedo.
El salón de las entrevistas reales era enorme, con muchos pilares y escasamente iluminado al estar en la parte trasera del castillo. Aleera y los demás comenzaron a vigilar todos los angulos posibles.
-¡Antes me golpeaste con una piedra en la cabeza! ¿Te parece divertido atacar a gente por la espalda de esa manera?
-Yo, lo... lo.. lo siento, no sabía que había golpeado a alguien.
De repente apareció varios metros lejos de ella una sombra que echó a correr hacia ella. La sombra parecía empuñar un par de dagas y era la mitad de alta que la elfa de la noche. Pero Yuki, que situó la pezuña estratégicamente, derribó a la sombra, que tras dar varias vueltas, se disolvió dejando a la vista un enano que parecía estar levemente bebido.
-Mira quien es. - Dijo Inusuke, con una sonrisa en la cara. - Xeladriel, ¿otra vez bebiendo?
-¿Le conoceis? - Dijo Aleera respirando rápidamente. Lady Prestor no apartó la mirada en ningun momento de Aleera, como intentando ver algo a través de ella. - ¿Conoceis a este borracho?
-Xeladriel es pícaro, - Dijo Yuki - Y es a la vez uno de los pocos que sobrevivieron de Dun Modr a la invasión del clan de los Enanos Negros.
-Pues es perfecto para ese cometido. - Dijo Malfurion - Varian, disculpa que me vaya pero debor partir de inmediato hacia el Claro de Luna. Si lo que dices es cierto no Azeroth, todo lo que conocemos está en peligro.
Mientras malfurion se marchaba al Claro de Luna y Aleera, Yuki y los demás iban al puesto de grifos, Lady Prestor sospechosamente dibujó una sonrisa en su rostro.
lunes, 31 de mayo de 2010
Capítulo 1 - La prueba.
Había llegado el día. Tras 2 largos años de entrenamiento, Aleera por fin tendría que enfrentarse a la prueba que determinaría si era digna o no de unirse a la Guardia Real de Darnassus. Entre el jurado, estaban la capitana Raydra Hojainvierno; la Anacoreta Yuki, enviada del Alto Aldor en Darnassus; Shibasaki, la hermana de Aleera; Malfurión Tempestira, Archidruida de Darnassus; y Lady Prestor, en representación de Ventormenta.
- Aspirantes a la Guardia Real - Dijo la capitana.- Cuando vayan mencionando vuestros nombres, pasareis por el portal. Una vez dentro, el pergamino que hay justo donde aparezcais os contará que cometido debeis cumplir. Ahora, mucha suerte a todos, y espero que volvais de una pieza.
Poco a poco, el número de aspirantes se reducía. Muchos volvían de una pieza y con el cometido cumplidos, otros volvían heridos, mutilados, o directamente no volvían, pero Aleera no pensaba en eso.
-Aleera Furiainvernal - Gritó Raydra. - Es tu turno.
Miró a su hermana asintiendo, a la vez que esta le devolvía la mirada asintiendo, pero una mirada triste. Una vez en el portal, sintió como si algo tirase del interior de su estómago hacia afuera, y la estuviese dando vueltas. Sentía que se iba a desmayar, que iba a rendirse, pero tal y como pasaba ese pensamiento por su cabeza, más motivación le entraba.
Cayó de bruces contra el suelo, y encontró el pergamino. La zona le sonaba de haberla escuchado en historias de su padre, pero caia en la cuenta de donde era. Tras camuflarse en las sombras, comenzó a leer el pergamino:
A la vez que terminaba de leer, un fuerte sentimiento de miedo y temor recorria el cuerpo de Aleera, pero era demasiado tarde para rendirse. Armandose de valor, caminó hacia lo alto de la meseta, saltando entre los árboles para evitar a los malvados Illidari, aunque era algo imposible. Alguno que otro cayó frente a la espada de Aleera, hasta la meta final: El Traidor.
Aleera se acercó para comprobarlo. Allí estaba él, como absorto en sus pensamientos, pero...
-Vienes a por mi? - Dijo Illidan, en la cabeza de Aleera.
-Dejate de juegos traidor. - Respondió Aleera súbitamente. - No vengo a hablar. Vengo a poner fin a tu existencia, traidor.
-¿Traidor? - En un bramido de ira, varios Illidari son descuartizados como si fueran plastilina. - ¡YO fui traicionado por ELLOS! ¡Yo solo estaba rehaciendo lo que destruyeron! Soy un héroe, ¿y vienes tu, patética mortal, a destruirme?
-Un héroe no se alía con demonios - Dijo Aleera mientras caminaba hacia Illidan.
-¡NO ESTÁS PREPARADA! - Bramó Illidan, haciendo que un circulo de fuego envolviese el lugar mientras se alzaba para combatir.
La batalla fue ardua. Durante varios minutos, Illidan estuvo a punto de cercenar el cuello de la elfa con sus espadas, pero por suerte, Aleera era bastante más ágil que el medio demonio, si bien ella no podía volar. Hubo un momento en el que ella llegó a cortar levemente la venda que cubre los ojos de Illidan, pero fue un corte mínimo. Eso no hizo sino enfurecer a su rival, el cual envuelto en llamas y un halo negro, cargó contra ella. Instantes antes de que Illidan estuviese a punto de embestir mortalmente a Aleera, ya pensando en que su vida acabaría poco antes de comenzar, se volvió todo negro y volvió a sentir ese dolor en el estómago. Entonces se desmayó.
No sabe si serían minutos o horas, pero finalmente abrió los ojos. Shibasaki esta apoyada en su pecho llorando, temiendose lo peor mientras Yuki iba curando sus heridas. Finalmente, atinó a hablar:
-Hermana, lo siento. No logré el propósito de la prueba, creo que padre va a estar deseando mi marcha de...
-¿Que es eso? - Dijo Malfurion, que estaba hablando con Raydra de algo relacionado con la prueba.- Eso no es...
Aleera examinó lo que tenía en la mano. Era uno de los cuernos del traidor. Aleera no se lo podía creer, habia superado la prueba.
- ¡Si! - Grito de alegría, aunque luego se sentó del dolor que sentía en los riñones - Esto demuestra que lo que decía es cierto, puedo lograrlo.
- En realidad - Dijo Raydra, pensativa. - La misión era acabar con Illidan, has traido el cuerno, pero eso no prueba que esté muerto.
- Raydra - Interrumpió Yuki - Creo que deberíamos deliberar sobre si ha pasado la prueba o no. No creo que siga con vida tras haberle arrancado el cuerno. Malfurion, examina el cuerno, quizás así podamos saber como ocurrió todo.
Malfurión metió el cuerno en una poza cercana a donde estaban, y tras unas palabras, unas imagenes se proyectaron en el agua. En ellas se veía el momento de esa carga letal, como Aleera casi de la nada coloca la espada, de forma que clava la espada en la cara del traidor de lleno y cercena el cuerno de una forma limpia.
-Bueno, - Dijo Malfurion, con su voz retumbando por todo Darnassus- tras esta prueba clara, no queda otra opción que nombrarte, Aleera Furiainvernal, miembro de la Guardia Real de Darnassus.
Aleera, conteniendo la emoción, ses arrodillaba ante su tío y regente de Darnassus mientras le colocaban el tabardo cuando de repente entró un paladín en la sala.
-¿Malfurion Tempestira? - Preguntó el paladín, ante el asombro de todos.- Soy Inusuke Pasadoluz. Me manda Sebastian Fuegodia para comunicaros que debeis presentaros de inmediato en Ventormenta. El Rey Varian Wrynn solicita que tanto usted como Lady Tyrande comparezcais. El asunto esta relacionado con Illidan y el portal oscuro.
Un silencio aterrador recorrió la sala. ¿Illidan Tempestira y el Portal Oscuro? ¿En que estarían relacionados el traidor y los fragmentos antes conocidos como Draenor?
- Aspirantes a la Guardia Real - Dijo la capitana.- Cuando vayan mencionando vuestros nombres, pasareis por el portal. Una vez dentro, el pergamino que hay justo donde aparezcais os contará que cometido debeis cumplir. Ahora, mucha suerte a todos, y espero que volvais de una pieza.
Poco a poco, el número de aspirantes se reducía. Muchos volvían de una pieza y con el cometido cumplidos, otros volvían heridos, mutilados, o directamente no volvían, pero Aleera no pensaba en eso.
-Aleera Furiainvernal - Gritó Raydra. - Es tu turno.
Miró a su hermana asintiendo, a la vez que esta le devolvía la mirada asintiendo, pero una mirada triste. Una vez en el portal, sintió como si algo tirase del interior de su estómago hacia afuera, y la estuviese dando vueltas. Sentía que se iba a desmayar, que iba a rendirse, pero tal y como pasaba ese pensamiento por su cabeza, más motivación le entraba.
Cayó de bruces contra el suelo, y encontró el pergamino. La zona le sonaba de haberla escuchado en historias de su padre, pero caia en la cuenta de donde era. Tras camuflarse en las sombras, comenzó a leer el pergamino:
"Elune te ha designado para que cumplas la tarea más suicida que se le puede encomendar a una Darnassiana. Debes caminar hacia el centro de la meseta y acabar con el traidor llamado Illidan Tempestira".
A la vez que terminaba de leer, un fuerte sentimiento de miedo y temor recorria el cuerpo de Aleera, pero era demasiado tarde para rendirse. Armandose de valor, caminó hacia lo alto de la meseta, saltando entre los árboles para evitar a los malvados Illidari, aunque era algo imposible. Alguno que otro cayó frente a la espada de Aleera, hasta la meta final: El Traidor.
Aleera se acercó para comprobarlo. Allí estaba él, como absorto en sus pensamientos, pero...
-Vienes a por mi? - Dijo Illidan, en la cabeza de Aleera.
-Dejate de juegos traidor. - Respondió Aleera súbitamente. - No vengo a hablar. Vengo a poner fin a tu existencia, traidor.
-¿Traidor? - En un bramido de ira, varios Illidari son descuartizados como si fueran plastilina. - ¡YO fui traicionado por ELLOS! ¡Yo solo estaba rehaciendo lo que destruyeron! Soy un héroe, ¿y vienes tu, patética mortal, a destruirme?
-Un héroe no se alía con demonios - Dijo Aleera mientras caminaba hacia Illidan.
-¡NO ESTÁS PREPARADA! - Bramó Illidan, haciendo que un circulo de fuego envolviese el lugar mientras se alzaba para combatir.
La batalla fue ardua. Durante varios minutos, Illidan estuvo a punto de cercenar el cuello de la elfa con sus espadas, pero por suerte, Aleera era bastante más ágil que el medio demonio, si bien ella no podía volar. Hubo un momento en el que ella llegó a cortar levemente la venda que cubre los ojos de Illidan, pero fue un corte mínimo. Eso no hizo sino enfurecer a su rival, el cual envuelto en llamas y un halo negro, cargó contra ella. Instantes antes de que Illidan estuviese a punto de embestir mortalmente a Aleera, ya pensando en que su vida acabaría poco antes de comenzar, se volvió todo negro y volvió a sentir ese dolor en el estómago. Entonces se desmayó.
No sabe si serían minutos o horas, pero finalmente abrió los ojos. Shibasaki esta apoyada en su pecho llorando, temiendose lo peor mientras Yuki iba curando sus heridas. Finalmente, atinó a hablar:
-Hermana, lo siento. No logré el propósito de la prueba, creo que padre va a estar deseando mi marcha de...
-¿Que es eso? - Dijo Malfurion, que estaba hablando con Raydra de algo relacionado con la prueba.- Eso no es...
Aleera examinó lo que tenía en la mano. Era uno de los cuernos del traidor. Aleera no se lo podía creer, habia superado la prueba.
- ¡Si! - Grito de alegría, aunque luego se sentó del dolor que sentía en los riñones - Esto demuestra que lo que decía es cierto, puedo lograrlo.
- En realidad - Dijo Raydra, pensativa. - La misión era acabar con Illidan, has traido el cuerno, pero eso no prueba que esté muerto.
- Raydra - Interrumpió Yuki - Creo que deberíamos deliberar sobre si ha pasado la prueba o no. No creo que siga con vida tras haberle arrancado el cuerno. Malfurion, examina el cuerno, quizás así podamos saber como ocurrió todo.
La draenisa y la elfa de la noche debatiendo sobre el resultado de la prueba
-Bueno, - Dijo Malfurion, con su voz retumbando por todo Darnassus- tras esta prueba clara, no queda otra opción que nombrarte, Aleera Furiainvernal, miembro de la Guardia Real de Darnassus.
Aleera, conteniendo la emoción, ses arrodillaba ante su tío y regente de Darnassus mientras le colocaban el tabardo cuando de repente entró un paladín en la sala.
-¿Malfurion Tempestira? - Preguntó el paladín, ante el asombro de todos.- Soy Inusuke Pasadoluz. Me manda Sebastian Fuegodia para comunicaros que debeis presentaros de inmediato en Ventormenta. El Rey Varian Wrynn solicita que tanto usted como Lady Tyrande comparezcais. El asunto esta relacionado con Illidan y el portal oscuro.
Un silencio aterrador recorrió la sala. ¿Illidan Tempestira y el Portal Oscuro? ¿En que estarían relacionados el traidor y los fragmentos antes conocidos como Draenor?
lunes, 17 de mayo de 2010
Prólogo - Aleera
Este pequeño prólogo es un adelanto de lo que será el primer capitulo.
-Jamas -Dijo Kaledreth, el cabeza de familia- Jamás una hija mía se presentará ante el cuartel de la Guardia para formar parte de el.
-Pero padre -Contestó rápidamente Aleera- se que quieres que la tradición de sacerdotisas siga, pero aun asi, Elune tiene un destino para mi muy distinto al que crees que tengo desde mi nacimiento.
-Padre -Interrumpió Shibasaki, la hermana gemela- Aleera ha sido de siempre la más fuerte de las dos, y sabes casi como yo que si bien ambas hemos sido bendecidas por la luz, mi hermana no poseé del todo las cualidades que poseén madre y Tia Tyrande.
-"Que puedo hacer..." -Cavilaba para si mismo Kaledreth hasta que dio con la solución- Aleera, presentate a las pruebas, pero no quiero que aparezcas por esta casa si has fallado en la prueba.
Tras agradecerla a su hermana la ayuda, Aleera marchó al cuartel de la Guarda Real, donde se encontró con muchos otros elfos que como ella, querían ser parte importante de esa Guardia que protegía Teldrassil y sus alrededores de peligros más simples que en otros tiempo vividos por el pueblo Kaldorei. Sin mirar atrás, atravesó aquella puerta enorme, pero chocó:
-¡Ay!
-¿Estas bien?
-Empiezo bien aqui...
-Deja que te ayude a levantarte...
-Gracias... ¡Pero tu no eres...! -Gritó Aleera al instante- ¿Sebastian Terkeis, el legendario paladin?
-Bueno -Dijo sonrojandose levemente- No esperaba que me reconocieran tan rápidamente en Darnassus, pero veo que es imposible escapar de mi reputación.
-¿Que trae a un paladín tan legendario por aqui?
-Venía a visitar a un amigo, pero veo que no está. Oh se me olvidaba, este chico de aqui es el hijo de un amigo, Vann.
El joven llamado Vann, que no había apartado la vista en ningun momento de la cara de Aleera, rápidamente disimuló mirando hacia otro lado.
-Ishnu-Alah -Dijo jovialmente Aleera- Encantada de conocerte, Vann.
-Ishnu-Alah -Replicó rápidamente Vann, agachando la cabeza en señal de reverencia- Es un honor estar ante la hija del legendario Kaledreth...
-¿Hasta allí en Ventormenta se conoce a mi padre? -Preguntó Aleera, sorprendida.
-¿Ventormenta? -Dijo Vann con una sonora carcajada- Yo soy de Villa Oscura. Sebastian me habló de el, y de la reputación de su familia como sacerdotisas de Elune.
-Cierto. -Dijo Sebastian- Pronto comenzarás con las labores de sacerdotisa, ¿no?
-No. Voy a ser una guerrera. Pienso ser la mejor guerrera de todo azeroth.
-¿Bromeas?- Interrumpió Vann- Nadie será más conocido que yo, Vann Dialuz.
-¿Quieres... un duelo? -Preguntó Aleera con cierto tono de desafío-
-No llores tras perder, niña -Dijo Vann mientras le cedía una espada.
El duelo fue bastante largo, con golpes por parte de ambos. Aleera, mucho más ágil que Vann debido a su complexión atlética, debido a años y años de adaptación a la ciudad-árbol, lograba muchas veces golpear a Vann con éxito, pero otra cosa distinta era dañar de forma que Vann se rindiese, pero Vann, que ya tenía un entrenamientó básico de guerrero, lograba atacar de manera más contundente, aunque lenta, pero se guardaba un truco bajo la manga. Vann, en un momento que Aleera no estaba atenta, intentó cargar contra ella, pero Sebastian, como viendo lo que pasaría, lanzó una burbuja que protegió a Aleera, y que del impacto mandó a Vann varios metros atrás.
-¿Casi había vencido a esa mocosa? No deberías haberte entromentido en el combate...
-¡SILENCIO VANN! -Bramó Sebastian, y tras recuperar la calma dijo- Vann, recuerda que en el código del guerrero no esta hacer daños a los demás sin razón alguna.
-Maestro, yo....
-La culpa es mia - Dijo Aleera, mientras se encorvaba en señal de disculpa, y a la vez para ocultar las lágrimas de rabia e impotencia, pues ella pensaba que había perdido y que el paladín había tenido que protegerla por debil. - No debí de haber seguido el juego, ni preguntar, ni nada...
Aleera se alejó mientras el pañadín pensaba: "ahora que caigo, la posición de los pies, la postura de las manos... estaba preparada para evitar la carga y contraatacar... creo que he salvado a Vann más bien".
Pasó el tiempo, y Aleera fue practicando y entrenando hasta que llegó el día de la gran prueba que decidiría si entraría en la Guardia Real o si por el contrarío sería rechazada.
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